Vivir en el extranjero es una experiencia agridulce. Hay quiénes lo aman y otros que lo odian. Pero lo que está claro es que es algo que no te puede dejar indiferente. Afrontar un reto como el que supone levantarte cada día rodeado de una cultura extraña y un idioma distinto al tuyo es sin duda desafiante.

Pero como todo desafío, tiene sus cosas positivas. Y es que no sería nada de nosotros como migrantes sin esa satisfacción de ver que salimos adelante. Vivir en otro país significa aprender a adaptarte a un entorno que no siempre estará de tu lado. Pero a pesar de las adversidades, seguir hacia adelante y buscar un hueco en el que sentirte a gusto. Eso, al menos, es lo que la migración significa para mí.

Ventajas y desventajas de vivir en el extranjero

Está claro que vivir en el extranjero no es fácil. No lo ha sido para mí y muy posiblemente no lo e spara nadie. Pero que una situación sea difícil no significa que tenga que ser horrible, ni mucho menos. Yo pienso que aprender a sacarle punta a las situaciones incómodas es lo que nos hace estar vivos.

Yo misma me he sentido barrada por la lengua o la cultura de Alemania. Sobretodo por lo que respecta a las instituciones y a la burocracia. Al carecer de un alemán perfecto o de alguien cercano que hablara muy bien el idioma, he tenido que hacerlo todo por mi cuenta. Y aunque muchas veces me he desesperado y llorado un día entero, he continuado buscando la manera de aprender lo que tengo que decir antes de la cita e intentar comunicarlo con mis palabras.

Es decir, que ser consciente de mis limitaciones me ha ayudado muchísimo. Esto me ha ayudado a tener que prepararme el doble que una persona nativa. ¿Que no sé cómo se dice esa palabra? La busco de antemano y la apunto en un papel. ¿Que no entiendo lo que se me está diciendo? Me aprendo cómo preguntar educadamente que me lo repitan. Y así. Con paciencia y tolerancia a mis propias imperfecciones he ido saliendo adelante.

Cada pequeño triunfo en este aspecto me ha llevado a sentir que puedo con todo. Vale, no, ya sé. No puedo con todo; nadie puede con TODO. Pero te haces una idea de a lo que me refiero. Quiero decir que vivir en el extranjero me ha hecho darme cuenta de mis capacidades reales ante situaciones difíciles.

En mi país de origen ir al médico, por ejemplo, era algo rutinario que no me suponía un problema. Ir al médico en Alemania al principio me daba miedo. Y era así porque me sentía incapaz de describir qué me hacía daño o de entender los consejos que me pudieran dar. Pero al hacerlo –porque no había otra opción–, vi que realmente lo que me limitaba era mi propia mente. Esta sensación de satisfacción hacia mí misma solamente la he vivido en el extranjero.

Vivir en el extranjero no es fácil

Así que no, no te voy a engañar. Vivir en el extranjero no es algo fácil. Pero creo que merece la pena. No lo aseguro al cien por cien porque es algo que depende mucho de tu manera de ser. Hay personas que no quieren o no pueden vivir este reto de estar lejos de los suyos. Eso es genial y totalmente respetable, no me gusta este dicho tan extendido de "es que se tiene que vivir en el extranjero al menos una vez en la vida".

No me gusta porque no quiero poner esa presión encima de nadie. Hay gente, sobretodo estudiantes que se van de intercambio, que se ve obligada a vivir en el extranjero una temporada porque "te da experiencia". Mi consejo sería: hazlo solamente si lo sientes así y quieres vivir esta aventura. No lo hagas porque "todo el mundo lo hace" o porque esté de moda. La migración es algo delicado y puede provocar sufrimiento.

Pero si sientes que es para ti y te apetece, ¡adelante! Vas a vivir muchísimas y muy intensas emociones, sentirás que quieres viajar por todo el mundo un día y al siguiente querrás volver a tu casa. Pero es que esto es así. Al final acabarás encontrando tu lugar y sentirás que ha merecido la pena. Y, oye, que si no acabas de encontrarlo nunca siempre puedes volver y aquí no ha pasado nada. Sobretodo, no sientas vergüenza por querer volver. Toda opción es bienvenida.

Volver a tu país después de vivir en el extranjero

Otra cosa que a mi me gusta mucho de vivir en Alemania es el hecho de volver. No digo volver definitivamente, esto de momento no lo he hecho. Digo volver de visita o incluso viajar como turista dentro de tu propio país tiene un color distinto. Es como que valoras más todas las pequeñas cosas.

Volver a tu país significa que todo el estado de alerta en el que te encuentras viviendo en el extranjero desaparece. Puedes disfrutar de los detalles más sencillos, todo te resulta mucho más fácil y no tienes que hacer un esfuerzo titánico para los asuntos más pequeños. Pero también te sientes extranjero en lo que antes era tu hogar. Es como que antes estabas cien por cien en tu ciudad, pero al volver tú has cambiado de algún modo pero nada más lo ha hecho.

Y con el tiempo aprendes a convivir con ese cambio. A mi el primer año me chocó muchísimo, pero al cabo de un tiempo me fui acostumbrando y entró a formar parte de mi realidad. Es decir, que ya no puedo vivir Barcelona como la vivía anteriormente. Es inevitable que la vea desde otra perspectiva. Pero esto lo encuentro enriquecedor, ya que hay muchos aspectos que antes no era capaz de valorar pero que ahora ya sí que admiro.

Aprendiendo a soltar

Finalmente, vivir en el extranjero me ha aportado la libertad de no quererlo tener todo controlado. Aunque sea solo un poquito. Me refiero a que vivir fuera de donde se encuentran mis raíces me aporta la libertad de no estar atada a nada. No visualizo mi futuro en ningún lugar concreto, y busco sentirme bien ahora mismo.

Claro que no es tan fácil y hay momentos en los que quiero controlarlo todo. Pero el hecho de no saber si seguiré aquí en unos años, estaré en Barcelona o incluso en otro país me mantiene viva. Y es que esta incertidumbre me hace valorar cada momento como si fuera único. Eso es algo que me encanta de vivir en el extranjero.