¡Muy buenas! Ya he vuelto de las vacaciones y lo he hecho con muchísima fuerza. Como te dije al final de la temporada pasada, tengo muchísimas ideas y proyectos de cara a esta nueva etapa que comienza. Así que si no te quieres perder ninguna de las novedades, ¡suscríbete a mi Newsletter ahora mismo!.

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Volviendo al tema de hoy, si me sigues en Instagram ya habrás visto que este verano he estado en Mallorca -sí, rodeada de alemanes-. Fuera coñas, lo he pasado genial. Me ha encantado volver a España y hacerlo a un lugar distinto de Barcelona y en el que, además, jamás había estado. Ha sido una muy buena experiencia. De hecho, tenía un poco el prejuicio de que la isla no me gustaría porque es un destino turístico muy habitual, tanto por turistas de todas partes de Europa -sobretodo alemanes e ingleses-, como gente de la propia península.

Pero cuál fue mi sorpresa, cuando descubrí que Mallorca es uno de los lugares que más me ha gustado de entre los sitios a los que he viajado. Estuvimos exclusivamente en Palma y por la Serra de Tramuntana. Y no me arrepiento nada. Palma resultó estar muchísimo menos masificada que Barcelona, ya que fuera de la zona de la catedral la mayoría de gente que nos encontrábamos era local haciendo su día a día de manera normal. Y eso es algo que valoro muchísimo cuando viajo a un nuevo lugar. Odio visitar ciudades-parque temático.

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En definitiva, que me estoy yendo por las ramas. Hoy vengo a contaros cómo ha sido mi experiencia al viajar a España después de estar viviendo en Alemania. Hace tiempo que os hablé del choque cultural inverso, pero hoy no traigo un viaje normal de los que hago habitualmente para visitar a la familia, os quiero hablar de lo que sentí visitando un lugar totalmente nuevo para mí en el país de donde procedo.

Regresar a tu país de origen

Viajar a España mientras estoy viviendo en el extranjero es para mí algo muy distinto a cuando hacía viajes nacionales viviendo en Barcelona. La primera diferencia que noto es que ahora valoro muchísimo más todo lo que la nueva ciudad -o isla, en este caso- ofrece. Me explicaré. Las calles de Palma son muy parecidas a las de Barcelona, incluso su costa me recuerda mucho a l'Empordà, al norte de Catalunya. No quiero decir que si hubiera viajado a Mallorca desde Barcelona hubiera desprestigiado la isla, pero sí que creo que gracias a echar de menos tantas cosas lo he sabido valorar todo mucho mejor.

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También creo que influencia mucho el hecho de que aquí he conocido a mucha gente a la que le gusta viajar a España, y he podido redescubrir mi país desde su propio punto de vista. No sé si a ti también te pasará, pero yo siento que hay una especie de magia al escuchar a hablar a extranjeros sobre tu tierra natal. Descubres cosas en las que no habías pensado y te hace verlo todo de un modo distinto.

Y dentro de este nuevo punto de vista también juega un papel muy importante la nostalgia. ¿Nostalgia de un lugar que jamás habías visitado? Pues sí, por extraño que pudiera parecer. Aunque el lugar es distinto, la cultura es la misma. Y este carácter que se respira en las calles, la comida, el tono de voz, las bromas de la gente que te atiende en el supermercado... todo esto es algo con lo que yo conecté directamente y me sentí como en mi casa en una ciudad que era extraña para mí.

De hecho, hasta tuve la sensación desde el primer momento de que yo no era extranjera, que no era una turista más, que de algún modo pertenecía allí -aunque con mi piel blanquísima, pamela y gafas de sol creo que los locales no pensarían lo mismo-. Pero bueno, a lo que voy. Me sentí en mi lugar, relajada, sin tener que pensar todo el rato en el idioma y pudiendo comunicarme con la gente tranquilamente.

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De hecho, esto también es un punto muy importante a tener en cuenta; el idioma. Es tan, pero tan relajante poder ir por un lugar que estás descubriendo sin necesidad de sufrir por cómo decir las cosas. No solamente sabes el idioma, sino que también dominas los códigos culturales y tienes la tranquilidad de que no habrá malentendidos porque tú interpretes lo que se te dice de manera equivocada. Que sí, que vivir en el extranjero o viajar a un lugar con otra cultura es maravilloso y se aprende un montón. Pero si ya vives fuera, tener la oportunidad de apagar esta alarma interna que te mantiene en tensión constante es una gozada.

Otra cosa que también considero super importante cuando vuelves a tu país de origen, es la gastronomía. ¿Quién no echa de menos la comida? Obviamente no podrás comer las croquetas de tu abuela si estás en otra ciudad, pero sí que podrás llevarte a la boca todo aquello que echas de menos diariamente. Yo, por ejemplo, echo muchísimo de menos la Horchata -si alguien sabe cómo encontrarla en Alemania, ¡que me lo diga ahora mismo!-. Pero bueno, a parte de lo que ya conoces, tienes la oportunidad de probar cosas nuevas que no conocías y que, en el fondo, continúan sabiendo a casa.

A mí esto me pasó en Mallorca un montón. A parte, que la gastronomía de las Islas Baleares es una pasada. No solamente me harté de ensaïmades y sobrassada, sino que probé la coca, el quinto, la coca de patata, puding de garrofes, el gató y tantas otras cosas que podría nombrarlas pero el artículo no acabaría nunca. Sí, amo comer.


En definitiva, esta es la primera vez que hago un viaje por placer en España pero fuera de la zona donde he estado toda mi vida. Y me ha dejado con ganas de más.

¿Tú has viajado por una zona que desconocías de tu país mientras estabas viviendo en el extranjero?, ¿qué te ha parecido?