El síndrome del inmigrante es algo que afecta a muchas más personas de lo que nos pensamos. También conocido como síndrome del emigrante o complejo de Ulises, este fenómeno se da cuando una persona se siente fuera de lugar a causa de su migración hacia otro país.

Obviamente, todos los emigrantes vivimos situaciones difíciles, pero esto no significa que necesariamente estemos padeciendo este desorden. Para que sepas bien qué es el síndrome de Ulises y en qué situaciones puede padecerse, he decidido escribir este post.

Síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple

El psicólogo y catedrático Joseba Achotegui fue el especialista que inventó el término de síndrome de Ulises. Haciendo referencia a la mitología griega, Achotegui citó a este héroe porque pasó casi toda su vida surcando los mares y teniendo muchos problemas para poder retornar a su patria.

Ulises sirve como símbolo de la eterna búsqueda y del exilio constante de tu país natal. Achotegui define este síndrome como algo muy común en el siglo XXI, debido a la gran cantidad de migraciones que se están llevando a cabo este siglo. La inseguridad e incertidumbre de estas personas es la base de este síndrome.

Achotegui aclara en sus estudios que este síndrome puede darse de dos maneras. Una, la más leve, en migrantes que inician su viaje con los papeles en regla y sin problemas legales. La más grave es cuando se da la situación de tener que huir del propio país por alguna catástrofe, llegando al nuevo hogar sin seguridad ni apoyo.

En cualquier caso, ser inmigrante no significa padecer este síndrome. La migración es simplemente un factor de riesgo. Es decir, que el hecho de mudarnos de nuestro país natal puede llegar a afectarnos psicológicamente. Pero en ningún momento quiere decir que todos los migrantes vayamos a sufrirlo.

¿Qué es el síndrome del inmigrante?

El síndrome de Ulises no es un trastorno psicológico. Se define más bien como un cuadro psicológico en el que otras enfermedades derivadas sí que pueden darse. Algunas de las manifestaciones de este síndrome son la depresión, la ansiedad y el estrés postraumático.

Se trata de una variante extrema del duelo migratorio clásico. Este cuadro psicológico afecta a inmigrantes que viven en situaciones extremas i que, por lo tanto, afecta al individuo muy intensamente. El problema se agrava por la falta de especialistas. También se derivan problemas de comunicación a causa del idioma.

Duelo migratorio

Son reacciones habituales ante la migración la nostalgia por lo conocido, tensión ante las nuevas costumbres y la preocupación por el futuro. No obstante, estas tensiones acostumbran a darse al principio de la estancia en el nuevo país y no de manera permanente. Si estas sensaciones se dan de manera recurrente o nunca llegan a irse es posible que estés sufriendo el síndrome de Ulises.

Cuando nos vamos de nuestro país, no perdemos solamente una cosa sino un conjunto de elementos y vivencias. De este modo, no se puede reducir el duelo a un solo elemento. Achotegui habla de siete pérdidas que el migrante experimenta al irse de su país.

  1. Nostalgia y tristeza por la pérdida de nuestros seres queridos
  2. Abandono de la lengua materna e inseguridad al afrontar un nuevo lenguaje
  3. Cambios culturales
  4. Paisajes
  5. Estatus social. En muchas ocasiones, los inmigrantes tenemos que trabajar de algo que no haríamos en nuestro país natal hasta poder adaptarnos a nuestro nuevo hogar
  6. Soledad por la pérdida de contacto con los nuestros. Dificultad de conocer a nuevas personas
  7. Seguridad

Achotegui habla del duelo migratorio como una sensación similar a la muerte de un ser querido. La diferencia es que este duelo es parcial, ya que lo que se echa de menos sigue existiendo y puedes volver a él en cualquier momento. Pero el dolor es siempre recurrente, avivándose cada vez que se vuelve al país de origen o que se recibe una llamada de casa.

Este duelo afecta a la identidad, ya que cuando nos vamos a vivir a otro país cambiamos completamente como personas. Este cambio puede ser positivo, aportando madurez y fortaleza. Pero también puede producirse lo contrario y desestructurar todas tus emociones y manera de ver las cosas.

También es muy normal que bajo este síntoma se cree una gran ambivalencia entre el país de origen y el de destino. De cara al de origen, muchas veces se siente rabia por haber tenido que emigrar y amor por todo lo bueno que le ha aportado y lo que echa de menos. En cambio, el lugar de destino se suele amar por todas las oportunidades que ofrece pero odiar porque no es tu lugar de nacimiento ni lo que echas tanto de menos.

Pero el duelo no es exclusivo de las personas que tienen que irse de su país, sino que los familiares y amigos también se ven afectados. Como vivimos en sociedad, cada persona constituye una pieza clave entre sus seres queridos. Esto significa que, al irnos, nuestras familias también pueden quedar marcadas por el duelo migratorio.

Síntomas del complejo de Ulises

El síndrome del emigrante no tiene por qué afectar a todas las personas que se van a vivir a otro país. De hecho, una misma persona puede experimentar este marco psicológico en un período de su vida pero posteriormente puede desvanecerse.

No obstante, existen síntomas que definen el complejo de Ulises:

  • Tristeza crónica que se manifiesta a partir de baja autoestima, falta de valor e incapacidad ante las cosas más cotidianas
  • Desengaño al ver que el país que te recibe no cumple las espectativas que tú esperabas
  • Soledad propiciada por la separación con tus seres queridos, aislamiento y la sensación de no encajar en tu nuevo hogar
  • Culpabilidad al pensar que se ha abandonado a la familia y amigos
  • Creerse la causa del propio fracaso
  • Tensión y nerviosismo que puede derivar en estrés crónico
  • Deterioro físico dado por la muestra física de las emociones. También suele producirse falta de apetito, dolor de cabeza, desorientación e insomnio.

¿Cómo prevenirlo o curarlo?

El síndrome del inmigrante debe tomarse con la seriedad que le corresponde. Aunque no se trate de una patología en sí misma, sí que puede afectar al desarrollo de otras enfermedades psicológicas derivadas. Por eso es muy importante ir con cautela.

Antes del viaje

Algo que se recomienda es ser muy consciente de los problemas que puede tener emigrar, con lo que se puede empezar a trabajar antes del viaje. Despedirse de todas las personas a las que queremos es un paso importante a la hora de cerrar un círculo vital. De este modo no viajaremos con heridas abiertas y tendremos la fuerza para emprender el nuevo viaje.

También es de mucha utilidad hablar con personas que ya vivan en ese país o hayan pasado por una situación parecida. A estas personas les puedes hacer preguntas, de modo que ya vayas con una idea general de las cosas buenas y malas. Te animo a que me escribas en los comentarios o que me sigas por Instagram, Facebook o Twitter. Puedes contactarme y responderé encantada a tus preguntas.

En el nuevo país

Puedes hablar con tus seres queridos para mantener el contacto con ellos. Pero tampoco abuses de esto, y sé consciente del cambio de rumbo que has hecho en tu vida. Tu nuevo hogar es el país que ahora te acoge y lo mejor será que te apuntes a actividades que te gusten para conocer a gente nueva y adaptarte lo más rápido posible. En este post te doy algunos consejos al respecto.

Tómate esta situación como una oportunidad a la que no todo el mundo tiene acceso. Piensa que has tenido la suerte de vivir en un país con un idioma y cultura diferentes, con lo que esta experiencia te va a enriquecer muchísimo.

Si la ansiedad es demasiado poderosa y estos pequeños consejos no te sirven, te recomiendo muchísimo que visites a un terapeuta. A mi personalmente la terapia psicológica me ha ayudado muchísimo. Sinceramente, pienso que un psicólogo o psicóloga te puede ayudar a encontrar tu camino en tu nuevo hogar. Y con esto aprenderás a disfrutar de tu vida como lo mereces.